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Libro “Viaje a la sostenibilidad” – Una guía para la escuela

dic 29, 2010   //   by admin   //   Artículos de interés, Blog, Educación, Lanbi Elkartea, Libros  //  1 Comment

“Los derechos de autor de este libro serán destinados a Lanbi Elkartea, que a través del programa ‘Ikas dezaten’ colabora en diversos proyectos educativos en Haití”.


Autor
Joseba Martínez Huerta: Profesor de Educación Secundaria y doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación. Autor de numerosos artículos y publicaciones, colabora con la Cátedra UNESCO sobre Desarrollo Sostenible y Educación Ambiental, de la Universidad del País Vasco, y trabaja como asesor en Ingurugela (Centro de Educación e Investigación Didáctico-Ambiental, dependiente del Gobierno vasco) dinamizando proyectos de educación para la sostenibilidad.

Sinopsis
El aprendizaje para la sostenibilidad no es un nuevo programa o línea transversal; es el núcleo, la esencia ética de la actividad de la propia comunidad escolar. Cada centro educativo trabaja en un contexto definido por su trayectoria, su entorno, sus planes y las expectativas de la comunidad educativa. No existe, por lo tanto, un itinerario único hacia la sostenibilidad, ni un guión estricto a seguir. Es posible avanzar hacia las metas por caminos diferentes; esta guía propone algunos, pero son los y las que viajan quienes deberán elegir lo que más les interesa para ir diseñando su propio itinerario. Viaje a la sostenibilidad. Una guía para la escuela se organiza en tres partes: la primera explora el significado que para la escuela tiene la sostenibilidad, los retos que plantea y las grandes oportunidades que ofrece; la segunda propone actividades y procesos para integrar la sostenibilidad en la vida de la escuela, evaluar la práctica y abordar la planificación de los cambios necesarios; por último, en la tercera parte se ofrecen las herramientas –carteles, fichas y materiales de trabajo- que permiten abordar las actividades y los procesos propuestos.

Info
PVP: 16 euros (IVA incluido)
160 páginas
Formato: 13,5×21 cm
ISBN: 978-84-8319-496-6
Ref: 1CM320

El libro se puede comprar siguiendo en este enlace

Desde Lanbi Elkartea agradecemos a Joseba Martínez todo el apoyo que nos está dando en nuestros proyectos en Haití. Mila esker Joseba.

Las razones de un Estado fallido en Haití

nov 29, 2010   //   by admin   //   Artículos de interés, Blog, Derechos Humanos, Política Haitiana  //  No Comments

Las imágenes que llegan de Haití son estremecedoras. No es ninguna novedad, pero últimamente -sobre todo desde el terremoto de enero de este año- todo el mundo ha podido ver la situación trágica en que se encuentra Haití. Ante este paisaje humano, hay que preguntar qué pasa en aquel país. ¿Cómo es posible que el impacto de un terremoto haya tenido unas consecuencias tan trágicas?

Desde República Dominicana, donde hace poco he estado para evaluar unos proyectos de lucha contra la pobreza, hay quien dice que lo que está ocurriendo en el Estado vecino es un castigo de Dios como consecuencia de que la mayoría de haitianos profesan el vudú. Evidentemente, la mayor parte de la gente no cree en esta teoría, pero sí que mucha se pregunta: ¿qué pasa a Haití?

A esta pregunta hay que responder con dos respuestas. La primera se relaciona con la vulnerabilidad de la población y la segunda con las razones por las cuales se ha llegado a esta situación. La primera pregunta es más sencilla de responder: el problema de Haití no es que sufra los rigores climatológicos propios de las islas caribeñas, si no que la pobreza de su población hace que cada huracán, terremoto o lluvia tropical suponga una hecatombe. Hay que señalar que estamos hablando de un país que tiene una población con una esperanza de vida de 51 años, que el 78% de la gente vive con menos de dos dólares diarios, y que solo el 52% tiene agua potable y el 32%, drenaje. Con este panorama social, la vulnerabilidad de la gente es extrema y, por eso, mientras que un terremoto de siete grados de la escala de Richter en California supone una docena de muertos, en Haití mueren (tal como sucedió el año pasado) 200.000 personas.

La segunda respuesta es algo más complicada. De entrada, hay que mencionar tres elementos: el legado del colonialismo francés, el impacto de las intervenciones norteamericanas que ocuparon y administraron el país desde 1914 hasta 1934, y el peso de una feroz y depredadora dictadura que empezó en 1957 y reinó hasta 1986. Esta dictadura, comandada por François Duvalier (conocido como Papa Doc) supuso un éxodo de la gente más capaz y un empobrecimiento del resto.

No hay duda que la dictadura fue uno de los capítulos más tristes, crueles y corruptos de la historia del país. Aunque quizá no se tiene que atribuir todo lo que se vive hoy en Haití a lo que pasó hace dos siglos o al legado de una dictadura.

Cómo ya se sabe, a principios de los 90, el sacerdote salesiano Jean-Bertrand Aristide ganó unas elecciones con un movimiento popular llamado Lavalas. La población tenía depositadas muchas esperanzas en este nuevo líder, pero en 1991 un militar (Raoul Cédras) interrumpió la experiencia democrática. Con Cédras, el país volvió a sufrir un régimen dictatorial. Poco después, en 1994, la Administración norteamericana volvió a invadir el país, pero esta vez para reponer en el poder al antiguo presidente electo.

El problema es que, desde entonces, Aristide y su succesor, René Préval (desde 1996), han podido hacer muy poco para llevar a cabo las políticas que creían necesarias, puesto que junto con la democratización de las instituciones también se liberalizó completamente la economía y se privatizaron las pocas empresas estatales que quedaban, a la vez que se desmanteló la poca infraestructura todavía en manos del Estado.

Hay que señalar que Haití sufrió una trágica combinación: la de la democratización institucional, la liberalización económica y el desmantelamiento del Estado. Esta combinación ha supuesto el empobrecimiento de los campesinos, la caída de la producción, la ruina de la poca industria y servicios del país y, además, la incapacidad de los gobiernos de poder hacer efectivas las políticas sociales, educativas y de seguridad más elementales. Fue en este contexto en el que, el 12 de enero, Puerto Príncipe sufrió un apocalíptico terremoto.

Lo peor de lO ocurrido es que a raíz de las políticas mencionadas ha sido imposible atender a las personas afectadas por el seísmo. Mucho del dinero y de las donaciones que llegaron a Haití hace 10 meses todavía no se han podido gastar. Hoy el país está administrado por una constelación de organizaciones internacionales que no tienen la capacidad de atender de forma coherente ni ordenada a los damnificados. Y el Estado tampoco puede hacerlo. En este contexto, ayer se celebraron elecciones para escoger un presidente, 99 diputados y 11 senadores. Muchas voces exclamaron que quizá se tenían que aplazar las elecciones, pero la OEA, la ONU y EEUU dijeron que era necesario escoger una autoridad democrática para poder avanzar en la reconstrucción. Quizá tienen razón, pero existe el peligro de pensar que las elecciones y la designación de nuevos representantes supone la creación del Estado. No se tiene que confundir un presidente con un Estado, y lo que necesita Haití es esto último.

Noticia original de Salvador Martí Puig, Profesor de Ciencia Política de la Universidad de Salamanca.

Hacer un donativo

oct 29, 2010   //   by admin   //    //  No Comments

Haciendo un donativo a la asociación Lanbi Elkartea colaboras en el proceso de transformación social que estamos llevando a cabo en Haití.

Ese dinero permitirá continuar realizando los diversos proyectos en marcha y abrir nuevos. El dinero recaudado va íntegramente a Haití ya que la ONG está formada por personas voluntarias y no cuenta con gastos de infraestructura.

Puedes hacer tu aportación en la cuenta siguiente:
Entidad: Caja Laboral
Nº de cuenta: 3035  0062  34  0620049351

Difundir nuestro proyecto

oct 29, 2010   //   by admin   //    //  No Comments

Para nuestra asociación es muy importante contar con el apoyo de todos sus socios y amigos a la hora de sensibilizar y concienciar a la población sobre la realidad de Haití.

Tu apoyo es estratégico para poder dar a conocer nuestro trabajo a más personas cada día y conseguir que se sumen a este pequeño proceso de transformación que estamos llevando a cabo.

Puedes difundir y multiplicar la información sobre Haití, de forma que deje de ser ese país desconocido, lejano donde el tópico lleva a pensar que Haití es un lugar donde sus ciudadanos se matan entre ellos.
Cuanto más sepamos del país, mayor implicación tendremos en la solución de sus problemas.

Si tienes una web y quieres participar difundiendo nuestro trabajo, rellena el siguiente formulario. En pocos días recibirás los banners de la Asociación Lanbi Elkartea con los que los visitantes de tu web podrán acceder a nuestros proyectos haciendo un solo clic.

  1. (requerido)
  2. (email válido requerido)
 

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Casa Comunal de Arregy

oct 29, 2010   //   by admin   //    //  No Comments

Es uno de los proyectos más grandes que se ha realizado. Se contó para ello con el apoyo financiero de diversas instituciones públicas y privadas. Se puede acceder a mayor información del proyecto en este link.

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Los campesinos haitianos quieren dejar atrás el neoliberalismo

oct 22, 2010   //   by admin   //   Artículos de interés, Blog, Movimientos Sociales  //  No Comments

16 DE OCTUBRE: DIA DE LA SOBERANÍA ALIMENTARIA

Las organizaciones campesinas están furiosas con las autoridades haitianas por haber permitido que las multinacionales y las grandes empresas saquen provecho de la reconstrucción post terremoto, aumentando así la dependencia del país respecto al exterior. Exigen que en lugar de esto se cree un programa radical de reconstrucción agrícola, destinado a recuperar al campesinado devastado. El fundamento de esta reconstrucción sería la soberanía alimentaria.

El 4 de junio del 2010, cerca de 10.000 campesinos haitianos marcharon desde Papaye hasta Hinche, en el Macizo Central de la isla. Quemaron varios bultos de semillas de maíz híbrido que hacían parte de una donación de Monsanto al programa de reconstrucción post terremoto. Durante la manifestación, los campesinos exhibieron slogans como « Larga vida al maíz local!» y «Los transgénicos y las semillas híbridas de Monsanto atentan contra la agricultura campesina».

Chavannes Jean-Baptiste, líder campesino haitiano y coordinador del Movimiento Campesino Papaya (MPP ó Mouvman Peyizan Papay) que ayudó a organizar la manifestación, explicó en una entrevista a GRAIN que Monsanto se está aprovechando del programa de asistencia para hacer que los campesinos dependan de sus semillas y para acabar con la agricultura campesina. Era necesario, declaró, expresar claramente un “NO” rotundo a esta situación. Varias acciones de solidaridad parecidas se llevaron a cabo en Montreal (Canadá) y en Seattle (USA).

La posición de Chavannes Jean-Baptiste corresponde a la que adoptaron 15 asociaciones campesinas, entre las cuales hay una organización juvenil y un grupo de mujeres, quienes con el apoyo de la ONG haitiana PAPDA (Plataforma Para un Desarrollo Alternativo) publicaron una crítica severa a la reacción de urgencia del gobierno haitiano luego del terremoto de enero del 2010.

Tras el trágico terremoto, que causó cerca de 230.000 muertos y obligó a más de medio millón de personas a abandonar Puerto Príncipe y regresar al campo, el Ministerio de Agricultura, de Recursos Naturales y del Desarrollo Rural (el MARNDR) anunció la creación de un Programa Especial de Urgencia y de Apoyo a la Producción Alimenticia, dotado de un presupuesto de 687 millones de dólares estadounidenses. Los objetivos principales son “promover la reintegración social de las personas que migraron desde las ciudades hacia las zonas rurales”, “aumentar su capacidad de generar ingresos mediante actividades intensivas en mano de obra, para permitirles comprar de inmediato los alimentos que necesitan en el corto plazo” y“establecer la seguridad alimentaria de forma permanente”.

No hay nada que agregar a estos objetivos. En lo que los autores del documento de la PAPDA no están de acuerdo con el gobierno es en la estrategia utilizada para lograrlos. Según ellos, el gobierno es incapaz de tomar una primera medida esencial: poner en tela de juicio las políticas neoliberales que acabaron con la agricultura campesina. Si no se deja atrás el neoliberalismo, afirman los autores, el gobierno nunca logrará restablecer los medios de subsistencia de los pequeños productores.

Hasta los años 80s, los haitianos cultivaban suficiente arroz, frijol, maíz, papa y yuca para satisfacer sus necesidades. Pero después del derrocamiento de la dictadura de Duvalier, Haití comenzó a liberalizar su economía. “El FMI y el Banco Mundial decretaron que teníamos que realizar ajustes estructurales”, nos recuerda Camille Chalmers de la PAPDA. “Nos dijeron que éramos vecinos del mayor productor agrícola del mundo y que no había ninguna razón para producir nuestros propios alimentos, ya que podríamos comprarlos a precios bajos. En lugar de dedicarse a la agricultura, los campesinos debían ir a la ciudad para vender su fuerza de trabajo en las fábricas estadounidenses que producían textiles o artículos electrónicos para exportación”.

Los medios de subsistencia de miles de campesinos fueron destruidos. El documento de la PAPDA explica lo ocurrido: “Las políticas neoliberales golpearon a las comunidades rurales en el núcleo de la resistencia campesina, ocasionando un éxodo rural de grandes dimensiones y el crecimiento acelerado de los suburbios. Estas medidas económicas hacen parte del proceso de desestructuración de la agricultura campesina local, favoreciendo a las grandes trans-nacionales que operan en el mercado de alimentos. El resultado fue un empobrecimiento drástico de los campesinos productores excluidos del mercado por la liberalización del comercio exterior, generando una dependencia extraordinaria y desempleo a gran escala”.

El sector público fue reducido a su más mínima expresión por las reformas neoliberales. Se quedó sin recursos, humanos y financieros, para preparar a Haití ante desastres naturales tales como terremotos y huracanes. Según la PAPDA, “hay que admitir que la magnitud de los daños [causados por el terremoto] es intrínseca a los elementos vinculados a la irresponsabilidad de un Estado estructurado contra el pueblo. No es un secreto para nadie: ya en 2007, un informe de la Purdue University advertía sobre la inminencia de un terremoto en Haití, pero el Estado se limitó a menospreciar el informe y a indicar las medidas de protección básicas”.

Hoy, después de un terremoto que causó tanta devastación, el MARNDR anuncia el lanzamiento de un programa de reconstrucción agrícola que, según la PAPDA, brindará muchos más beneficios a las multinacionales que a los pequeños productores. Más de la mitad de los 687 millones de dólares está destinada a proyectos de infraestructura: sistemas de irrigación, carreteras rurales, reparación y refuerzo de las orillas de los ríos, etc. La segunda parte más importante del presupuesto está destinada a la compra de equipos como tractores y demás maquinaria agrícola (113,5 millones de dólares), seguida por la reforestación (37 millones) y las estructuras para prevenir la erosión (20 millones). Además, una parte considerable del presupuesto está reservada para la compra de fertilizantes (18,4 millones), pesticidas (4,7 millones) y semillas/plántulas (5 millones).

Ya que la mayoría de los campesinos haitianos no está en condiciones de comprar un tractor o insumos químicos, incluso si estos fueran subvencionados, el programa beneficiará solo a una pequeña minoría. Es más, dado que Haití no produce fertilizantes, ni pesticidas, ni maquinaria agrícola, serán las empresas extranjeras las que ganen los contratos de venta de todos estos productos. De la misma manera, no hay duda que los contratos de construcción de infraestructuras serán otorgados a multinacionales. Lejos de promover la autosuficiencia nacional, este programa no hará otra cosa que aumentar la dependencia de Haití respecto a los insumos importados. La PAPDA, como lo indica en su informe, piensa que con el tiempo el programa será corregido para favorecer a los intereses extranjeros de manera aún más profunda: “será un programa retocado, dictado y financiado por extranjeros. Por ende, además de la mezquindad de las ambiciones iniciales, será aún peor cuando sea retomado y corregido por agencias como la USAID y otras”.

Destaca PAPDA con una cierta amargura: “La ayuda humanitaria obedece a las leyes del mercado capitalista, que hace pasar los contratos por circuitos donde una gran cantidad del dinero con fines humanitarios se queda en los países donantes. En el campo de la ayuda humanitaria, la preocupación por los intereses y las ganancias está también presente”. Las autoridades haitianas ya no consideran a los campesinos como actores legítimos que conviene consultar: “El MARNDR niega la existencia y la fuerza representativa de la clase campesina. Escoger la política neoliberal equivale a negar también la validez de los conocimientos populares. El MARNDR sigue dando estatuto de verdaderos actores a las ONGs y a las empresas prestadoras de servicios, excluyendo a los productores, que son los que se interesan por cosas diferentes a las materias primas, las ganancias y hacer fortuna”.

Mervyn Claxton, experto en economía política del Caribe, concuerda con la idea de que las autoridades haitianas están perdiendo la oportunidad de dar inicio a una verdadera economía campesina que pueda realmente ayudar con la reconstrucción del país: “Haití dispone de toda una serie de variedades tradicionales de arroz, maíz y frijol. Fueron los esclavos africanos los que trajeron el arroz a Haití hace más de doscientos años, del que hoy existen variedades tradicionales que podemos reagrupar en dos grandes tipos: el arroz de montaña y el arroz de los pantanos. Como es sabido por todos, estas variedades tradicionales son más nutritivas que el arroz norteamericano barato y subvencionado que las remplazó hace 20 o 30 años (el arroz “de Miami”), luego de la liberalización del comercio.

Por lo tanto, respecto a las VAR (Variedades de Alto Rendimiento), el arroz haitiano es más adecuado a la lucha contra la malnutrición, considerada por el gobierno como un problema clave. Es probable que el uso de VAR aumente el riesgo de inseguridad alimentaria en vez de reducirlo, pues estas variedades requieren agua de forma regular y en cantidades suficientes, una necesidad que no podrá satisfacerse durante los periodos de sequía, muy frecuentes en Haití. Las VAR serán promotoras de exclusión y no de integración, ya que su imprescindible necesidad de agua obligará al Ministerio a no incluir en el Programa de Urgencia las zonas no irrigables. Los dueños de las tierras más difíciles de cultivar, menos fértiles o excluidas serán, inevitablemente, los campesinos más pobres del país”.

Los movimientos campesinos tienen su propia visión del modelo de agricultura alternativa que quieren construir. En el documento de la PAPDA hacen un llamado a redefinir las políticas públicas con el objetivo de romper de forma clara con las prácticas del pasado: [es necesaria una] “ruptura en el modelo de desarrollo respecto a la teoría neoliberal, ruptura respecto a la exclusión, ruptura respecto al imperialismo y ruptura respecto al estado centralista”. Para esto, la reconstrucción tiene que movilizar cuatro fuerzas sociales importantes: las mujeres, el campesinado, los jóvenes y los artistas y artesanos.

Doudou Pierre, al igual que Chavannes Jean-Baptiste, es miembro del Movimiento Nacional de los Campesinos del Congreso de Papaya. Doudou da una descripción de los que podría ser el modelo alternativo. Se trata, según él, de “reactivar” la agricultura en Haití siguiendo dos grandes principios. El primero es el de la soberanía alimentaria, es decir, producir localmente la mayor parte de alimentos que necesitan los haitianos: “Estamos en condiciones de producir por lo menos el 80% de lo que comemos”. El segundo incorpora una reforma agraria: “No podemos hablar de soberanía alimentaria si las personas no tienen tierra. Tenemos previsto tomar las tierras de los grandes propietarios y distribuirlas entre los campesinos, para que ellos puedan trabajarlas”. Cuando tengan las tierras, los campesinos necesitarán el apoyo de las autoridades: “El Estado tiene que darnos créditos, brindarnos soporte técnico y ayudarnos a almacenar y gestionar el agua”.

Hay varias propuestas para aumentar la cobertura de la agricultura campesina después de la implantación de estos cambios estructurales. El Centro de Investigación en Economía Política (CEPR) propone que los prestamistas internacionales acepten comprar toda la cosecha de arroz haitiano durante los próximos 2 años. Con este incentivo, los campesinos locales podrían producir casi tanto arroz cuanto reciben de ayuda humanitaria, y la recuperación del sector campesino, que está en ruinas, podría ponerse en marcha. Otra organización propone que el gobierno haga que las escuelas compren todos los alimentos necesarios para los comedores escolares a grupos de pequeños productores locales.

Por su parte, el gobierno no ha dado ningún signo que indique que aceptaría alguna de las propuestas formuladas por las organizaciones campesinas o por los grupos de reflexión que trabajan con estas. Dadas las circunstancias, no es para nada sorprendente que tanto Chavannes Jean-Baptiste, como todos los que manifestaron con él, estén furiosos.

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